Las maquilas van de la mano con la explotación de la mano de obra femenina, joven, sin experiencia y con poca formación sobre sus derechos laborales y constitucionales.
Predominan los bajos salarios, aunque son más altos que el salario mínimo que es de 600 lempiras (moneda de Honduras). El salario de las operarias de máquinas de coser, cortadoras de tela y empacadoras era superior en un 41% al salario mínimo.
En estas zonas, los gobiernos ofrecen a las empresas privilegios económicos: no pagan impuestos, pueden sacar el dinero del país fácilmente y además el gobierno mantiene una estructura de empresas de servicios para las propias multinacionales.
En las zonas francas generalmente se produce en cadena y trabajan mujeres o niños/as en condiciones de explotación y con sueldos bajos. Aunque a menudo estos sueldos son superiores a los que se perciben en otros trabajos en el mismo país. Por eso, mucha gente quiere buscar trabajo aquí.
Las maquiladoras inician, terminan o contribuyen de alguna forma en la elaboración de cierto producto destinado a la exportación. Ubicadas en zonas francas, o zonas procesadoras de exportación, obtienen numerosas ventajas como la exoneración de impuestos y las facilidades que les ofrece el país en que instalan.
Los países que alojan la maquila, por su parte, deben contar con una adecuada infraestructura, servicios de agua y energía eléctrica, puertos, telecomunicaciones, carreteras, una legislación laboral que discipline a los trabajadores y obstaculice su lucha reivindicativa.
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